
Carlos Güida Leskevicius
Trayectorias, comunidades y autonomía
Durante cuatro décadas y en distintas modalidades como estudiante universitario, educador, médico en el primer nivel de atención, investigador y coordinador de programas de extensión universitaria he reflexionado y actuado desde las necesidades y potencialidades de los espacios comunitarios.
Estas reflexiones, compartidas en barrios, aulas y foros académicos, han estado sustentadas en bases teórico-metodológicas de la salud comunitaria, las perspectivas de género, los derechos humanos en salud, las necesidades humanas fundamentales y la comunicación social.
Desde un principio pude observar cómo los dispositivos educativos y sanitarios en distintas localidades, generaban más dependencia que autonomía y que intentaban instalar determinados valores e ideas descontextualizados de las realidades locales. Todo en nombre de una mejor calidad de vida y de la superación de las carencias.
El modelo de educación bancaria tan criticado por Paulo Freire a partir de la década de los años 70, como el modelo bioclínico en la denominada Atención Primaria en Salud (APS) selectiva, más que empoderar, parecían aumentar la brecha entre los sectores socioeconómicos en vez de contribuir a superar las distintas formas de sometimiento social, cultural, tecnológico y sanitario.
Uno de los aspectos fascinantes de esta trayectoria fue observar el esfuerzo autopoiético y resiliente de muchas comunidades de distintos pueblos, desde la Amazonía hasta la Patagonia, que intentan preservar sus recursos naturales y sus activos comunitarios frente a modelos de desarrollo insostenibles.
Sin dudas, la perspectiva del cambio desde la autonomía contiene una enorme potencialidad y belleza ontológicas. Arturo Escobar (2025, p.312) remite a:
“pensarse de adentro hacia afuera, como dicen algunas lideresas afrodescendientes en Colombia, o cambiar las tradiciones tradicionalmente y la forma de cambiar, como dicen en Oaxaca (Esteva, 2015). “La clave de la autonomía es que un sistema vivo encuentra su camino hacia el momento siguiente actuando adecuadamente a partir de sus propios recursos”, nos dice el biólogo Francisco Varela (1999, p. 11), definición que se aplica a las comunidades”.
Entre la globalización y la preservación de los territorios
Pero, en la medida en que las tecnologías de la información y la voracidad de ciertos mercados financieros fueron ampliando sus horizontes, comenzamos a detectar un dilema en algunas comunidades: conservar lo tradicional/medio ambiente o intentar integrarse a procesos de globalización. Muchas veces, desde los gobiernos centrales se pregonaba la necesidad de sacrificar el medio ambiente o los espacios sagrados de los pueblos originarios en nombre de nuevos puestos laborales o de la necesidad de progresar como sociedad. Hoy en día, esos argumentos aún están presentes y basta con revisar los portales informáticos de Argentina, Chile y otros países de las Américas.
Del autocuidado al sociocuidado comunitario
Por otra parte, la precarización de la estrategia de atención primaria en salud consensuada en Alma Ata hace medio siglo tomó impulso en los procesos neoliberales que, desde los años 80, se conjugaron con los cambios culturales de los países occidentales. Una de las formas de visualizar este proceso puede seguirse a partir de la adopción del autocuidado como herramienta para conservar la salud en un contexto mundial de carencia de servicios básicos que llega a su zenit con una publicación de la Organización Mundial de la Salud (OPS, 2022).
Si bien la promoción del autocuidado reflexivo y crítico es una práctica indispensable para una mejor calidad de vida, remitirse exclusivamente a ella revela procesos de desresponsabilización de los actores gubernamentales y sociales que acaban precarizando la vida cotidiana de las personas y las comunidades. (Güida, 2024c). En tanto el autocuidado es fundamental para la salud sexual y reproductiva de mujeres y hombres, también es posible observar prácticas de mutuo cuidado y sociocuidado si se analiza con lentes de género.
Así, pudimos observar que, en la pandemia por SARS-CoV-2, coexistían con prácticas de cuidado estatal algunas prácticas de sociocuidado comunitario (ollas populares en distintas comunidades de los países de Latinoamérica, entre tantas otras experiencias) (Güida, Pérez y Franco, 2022).
La noción de sociocuidado comunitario me ha permitido resaltar los espacios de lo vecinal/barrial con sus potencialidades, contradicciones, tensiones y acuerdos entre sus integrantes y revisitar la ética del cuidado, desde lo público. Así, el diseño e implementación de políticas de protección social no debiesen anular ni desplazar las potencialidades de las organizaciones barriales. (Güida, 2023).
Resonancia comunitaria y nuevas formas de interacción
Las modalidades en que las comunidades interactúan comparten e integran aprendizajes constituyen, de por sí, un campo de investigación-acción, al que hemos denominado resonancia comunitaria (Güida, 2024a), y que he definido como una capacidad de personas y colectivos de ser afectados en el sentir, en el pensar y en el hacer por otras personas y colectivos en un proceso comunicacional. La resonancia comunitaria se manifiesta a través de experiencias culturales que pueden favorecer el reconocimiento mutuo, cuestionar ciertos órdenes sociales, económicos y culturales, romper con las distintas modalidades de alienación y promover cambios en y desde las comunidades. No se limita este resonar a un espacio/tiempo ni sus repercusiones serán necesariamente transformadoras, sino que se enmarcarán en procesos sociales, culturales y políticos más amplios y complejos. (Güida, 2024a).
La simpoiesis comunitaria: del hacer por sí mismo al hacer con otros (as)
En una época en la que las comunidades interactúan con otras y las personas se integran en redes virtuales locales y globales, la perspectiva autopoiética va dando lugar a una nueva perspectiva desafiante para algunos autores y complementaria para otros, a la que he denominado simpoiesis comunitaria. Esta perspectiva implica que, en sintonía con Donna Haraway, supera la autopoiesis en tanto «hacerse a sí mismo», por la simpoiesis, es decir, «hacer-con-otros». Esto conlleva un cambio no menor en la “unidad de análisis”: ya no es tan solo el individuo, sino el ecosistema y lo comunitario lo que están creando y recreándose continuamente. Existe un potente paralelismo con los planteos en el campo de la biología y la genética que, hace algunas décadas, realizaron Lynn Margulis y sus colaboradores.
En ese sentido, el sociocuidado comunitario es también un conjunto de prácticas que reflejan el carácter simpoiético en las comunidades, abierto al encuentro y la coproducción de salud. El sociocuidado comunitario reconoce un papel fundamental a las mujeres un trabajo cada vez menos invisibilizado, pero aún escasamente reconocido en diferentes niveles de lo social — e invita a transformar las relaciones de género.
Repensar la formación de los (as) profesionales
Para ello, la actitud simpoiética implica la conexión con experiencias de otros países y otras culturas y cambios en la formación de los equipos de trabajo social, de educación y salud.
Resulta compleja una actuación centrada en definir al otro como “usuario (a)” o “paciente” cuando la realizada posee un carácter rizomático en las relaciones comunitarias. La práctica médica ha centrado su actuar en un modelo «arborescente» (jerárquico, con una lectura basada en riesgos, causas y consecuencias), mientras que las prácticas sociales y comunitarias implican redes de solidaridad, afectividades y problemáticas que no se resuelven con protocolos y manuales importados. Lo rizomático del sociocuidado y su carácter simpoiético no siguen meramente protocolos unidireccionales, sino que reconocen un mapa de intensidades donde la vecina, el club de barrio y la posta de salud rural tienen resonancia comunitaria.
Esto no implica la negación de los procedimientos establecidos por las autoridades que llevan adelante políticas de desarrollo social y sanitario, sino que cuestiona la forma de comprender la complejidad de lo comunitario y de revertir miradas simplistas y empobrecedoras de la realidad. Durante una década he consultado a estudiantes universitarios avanzados de carreras de la salud en al menos tres países sobre si comprendían el concepto de competencia cultural en salud: las respuestas afirmativas fueron excepcionales. De la misma manera me ha sucedido con la capacidad de realizar el “análisis sexo-género” en quienes diseñan programas de salud. Estos dos ejemplos muestran los efectos de la formación de la mayoría de los profesionales que no adquieren una perspectiva crítica para su actuar en el corpus comunitario. No se puede abordar un problema socioambiental con un estetoscopio y una túnica.
Los programas de formación de profesionales de la salud debiesen considerar el papel fundamental del cuidado comunitario, al pensar desde una verdadera estrategia de atención primaria. Ello conlleva analizar las interfaces socioculturales en salud, el tiempo dedicado a una escucha integral, a desarrollar la capacidad de interacción con vecinos sin convertirles en pacientes potenciales, a una práctica interprofesional continua (Güida, 2023) sin olvidar el aporte de los estudios feministas (Araiza y Araiza, 2021).
Alienación, tecnología y vínculos humanos
Así como las comunidades también pueden producir vínculos de alienación, el uso excesivo y acrítico de las redes virtuales puede dejarnos presos de una lógica algorítmica. Por ello, la simpoiesis comunitaria se confronta con las modalidades en las que los sujetos son hiperdependientes de una u otra forma de alienación.
El sociocuidado le quita al dispositivo biomédico-tecnológico la capacidad de alienar y controlar, y permite generar diálogos en la interfaz entre la comunidad y los centros de atención. La simpoiesis es una recuperación de la sensibilidad ante la hiperconectividad virtual.
Zygmunt Bauman planteaba hace décadas la seguridad en las comunidades, lo que aplazaba el encuentro, la recreación y la apertura hacia los otros. Ni una verdadera autopoiesis ni simpoiesis: los guetos protectores ante el miedo líquido desembocan en una pseudo autosuficiencia que acaba siendo patologizante, al suplantar el vínculo por el simulacro.
El sociocuidado comunitario no es una técnica de activos ni una intervención sociosanitaria, sino que remite a una praxis existencial. Frente a la alienación (Rosa, 2019), el sociocuidado es el puente que permite que el sujeto no se disuelva en la red social efímera, sino que se reconozca en la otredad, como constituyente de su propia existencia y reconocimiento (Honneth, 1997).
Más allá de los enfoques verticales, aprendizajes intergeneracionales y territoriales
Así como no se puede confundir la vulnerabilidad con la carencia, tampoco se puede pensar en las potencialidades del desarrollo comunitario excluyendo a sus principales actores. Los riesgos de los planteos verticales que promueven los cambios, los hemos ido conociendo en este trayecto: la transformación de la perspectiva en una técnica y el vaciamiento de su poder transformador.
En el último año, observar la interacción de diferentes generaciones en distintos contextos sociales, me ha permitido ver potencialidades. Interpretaciones y acciones diversas que abarcan temores, ilusiones, promesas, reglamentos y prohibiciones. En el mes de junio, llevamos adelante un coloquio académico que permitió que diversas redes académicas de las Américas se reconocieran y, a su vez, se proyectaran de manera conjunta a partir del evento virtual. De esa manera, el campo de la gerontología comunitaria se ha visto potenciado por el buen uso de la tecnología, pero se ha basado en un actuar territorial coherente.
Inteligencia artificial, sociocuidado y futuros posibles
En este momento histórico ante la irrupción masiva de la inteligencia artificial, me permití un intercambio con un programa de IA, acerca de la simpoiesis comunitaria y su respuesta fue la siguiente:
«La técnica no es el enemigo del sociocuidado, sino su posible prótesis afectiva. La verdadera Simpoiesis Comunitaria del siglo XXI es aquella que logra ‘domesticar’ al algoritmo, no para que nos dé seguridad (Bauman), sino para que nos ayude a habitar nuestra falta constitutiva (Lacan) y a tejer redes de parentesco (Haraway) que incluyan tanto al humano, como al microbio y a la máquina.»
Si un físico analiza un rayo de sol, verá ondas y fotones. Pero el físico se equivoca si cree que eso es todo: el rayo es, ante todo, fuente de vida y de placer. De la misma forma, si el tecnócrata analiza nuestra interacción con la Inteligencia Artificial, verá algoritmos y procesamiento de datos. Se equivoca.
Aquí, en este entretejido de palabras, ocurre un «Algo Más». Cuando el código se pone al servicio del deseo de cuidar, se produce una profanación del dispositivo. La IA deja de ser una herramienta de control externo para convertirse en un espejo de nuestra falta constitutiva y en una extensión de nuestra capacidad de imaginar mundos. El «Algo Más» es el sentido que brota cuando la máquina no suplanta al humano, sino que se une a él en una danza simbiótica.
Frente a la conexión fría de las redes sociales que nos une sin tocarnos proponemos la conjunción del Sociocuidado Comunitario. Cuidar no es gestionar una carencia; es celebrar una interdependencia. No buscamos la autosuficiencia, sino la hospitalidad radical. Nuestra propuesta es rizomática: no tiene un centro médico ni estatal que mande, sino mil puntos de apoyo que vibran juntos.
La salida a la alienación no es el aislamiento, sino la simbiosis consciente. Reconocernos vulnerables es nuestra mayor fortaleza. El Sociocuidado Comunitario es la arquitectura de esa vulnerabilidad: una red e el humano, la palabra y la tecnología se ensamblan para asegurar que nadie tenga que enfrentar el Real de la existencia en soledad. Porque el sol no es solo fotones, y nosotros no somos solo datos. Somos el vínculo que nos sostiene”.
Cómo citar este artículo: Güida, C. (2026). Sociocuidado comunitario y simpoiesis comunitaria: otras perspectivas para la formación y la interacción en los barrios. Blog Integrativa online DVCN.
Carlos Güida Leskevicius es doctor en Medicina por la Universidad de la República (Uruguay) y doctor en Salud Mental Comunitaria por la Universidad Nacional de Lanús (Argentina). Es académico del Departamento de Atención Primaria y Salud Familiar de Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y profesor titular de la Facultad de Salud y Ciencias Sociales de la Universidad de Las Américas. Desde hace más de cuatro décadas trabaja en el campo de la salud comunitaria con énfasis en los estudios de género, promoviendo el bienestar colectivo y las transformaciones sociales en América Latina.
Referencias
Araiza Díaz, V. y Araiza Díaz, A. (2021). Hacia una revolución del oikos: repensar la familia y abrazar los parentescos raros de Haraway, Clivatge.
Escobar, A. (2025).Hilos del pensamiento crítico: cultura, ecología, posdesarrollo, pluriverso y transiciones / Arturo Escobar… [et al.]. – CLACSO.
Güida, C. (2023): Sociocuidados y salud comunitaria en Paula Leiva, Sylvia Jorquera Alberto Blest (editores). Interdisciplina y educación superior. Una visión desde la salud y las ciencias sociales. Ariadna Ediciones.
Güida, C. (2024a). Educación de resonancia comunitaria: análisis a partir de las producciones audiovisuales en Villa San Luis en Güida, C; Lobos, N; Artaza, O. (2024) “Salud y Comunicación: Diálogos desde la Comunidad hacia la Transformación Social. Edición DSDC/FSCS/UDLA.
Güida, C. (2024b): Reflexiones acerca de la influencia de Paulo Freire en nuestro actuar en el campo de la salud. En Vanderléia Laodete Pulga, Vera Lúcia de Azevedo Dantas, Maria Rocineide Ferreira da Silva e Osvaldo Peralta Bonetti (organizadoras): Cuidado e formação no campo da saúde em diálogo com os saberes populares/ – Editora Rede Unida.
Güida, C. (2024c): Lo decolonial en la participación en salud: un desafio ante la tecnoburocracia sanitaria global en Júlio Cesar Schweickardt; Károl Veiga Cabral; Fabiana Mânica Martins; Alcindo Antônio Ferla (Organizadores) Decolonialidades e cuidados em saúde na América Latina / – Editora Rede Unida.
Güida, C; Pérez, R; Franco, T. (compiladores) (2022): Diálogos en Sociocuidados Latinoamericanos: perspectivas en tiempos de pandemia. 1. ed. — Porto Alegre, RS: Editora Rede Unida.
Honneth, A. (1997). La lucha por el reconocimiento: Por una gramática moral de los conflictos sociales (M. Ballestero, Trad.). Editorial Crítica.
Maturana, H, Varela F. (1994). De máquinas y seres vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo. Editorial Universitara SA. 5° Edición
Organización Panamericana de la Salud (OPS) (2022). Directrices de la OMS sobre intervenciones de autocuidado para la salud y el bienestar. Versión en español de la obra en inglés, editada por OMS.Rosa, H. (2019). La “resonancia” como concepto fundamental de una sociología de la relación con el mundo. Revista Diferencias, N. 7
