Entrevista con Kreena Govender, cofundadora y líder estratégica de la BOLD Global Alliance for Women, Girls & Sport

Esta entrevista con Kreena Govender, cofundadora y líder estratégica de la BOLD Global Alliance for Women, Girls & Sport (BOLD), ofrece una perspectiva crítica y oportuna sobre las barreras estructurales, las oportunidades emergentes y las transformaciones sistémicas necesarias para avanzar en la inclusión de mujeres y niñas con discapacidad en el deporte. A partir de experiencias globales y de un enfoque intersectorial, se destaca cómo el deporte puede constituirse en una vía poderosa para el empoderamiento, el liderazgo, la inclusión social y la salud, siempre que se diseñe intencionalmente para ser seguro, accesible y basado en principios de equidad.

Las mujeres y niñas con discapacidad continúan estando significativamente subrepresentadas en el deporte a nivel global. Desde tu perspectiva, ¿cuáles son las principales barreras estructurales que limitan su participación y qué estrategias han demostrado ser más efectivas para superarlas?

Las mujeres y niñas con discapacidad no están en los márgenes del deporte por falta de interés o potencial. Están siendo excluidas porque los sistemas no han sido diseñados pensando en ellas. La desigualdad tampoco afecta a todas las personas de la misma manera. Para muchas mujeres y niñas con discapacidad—especialmente aquellas provenientes de comunidades de bajos ingresos, zonas rurales, grupos raciales o étnicos marginados, o que viven con condiciones de salud como el VIH—las barreras son más profundas y complejas. Estas realidades interseccionales condicionan el acceso a oportunidades, la seguridad y la capacidad no solo de participar y permanecer en el deporte, sino también de beneficiarse de él.

Y sabemos que esos beneficios van mucho más allá de la salud física y mental. El deporte puede fortalecer la confianza, restaurar la dignidad y abrir oportunidades. Además, impacta a las familias, transforma comunidades y contribuye a la construcción de sociedades más equitativas, conectadas y humanas.

Estas barreras comienzan desde edades tempranas. En muchas partes del mundo, incluidas economías de ingresos altos y medios, las niñas con discapacidad son excluidas de la educación física debido a infraestructuras inaccesibles, a la falta de formación docente o, simplemente, porque no se espera que participen. Esta exclusión se extiende al deporte comunitario, donde el transporte es limitado, los costos son elevados y las oportunidades son escasas.

Las normas sociales también desempeñan un papel determinante. Ideas nocivas sobre género y discapacidad—como la sobreprotección, el estigma o las percepciones limitantes sobre capacidades—siguen definiendo lo que se considera posible para las niñas. Al mismo tiempo, las mujeres y niñas con discapacidad enfrentan mayores riesgos de violencia basada en género, incluso en entornos deportivos. Por ello, la protección, la autonomía corporal y el acceso a la salud y los derechos sexuales y reproductivos no son opcionales, sino condiciones esenciales para la participación.

A esto se suma la falta de inversión, de evidencia y de visibilidad. Si las mujeres y niñas con discapacidad no son contabilizadas, no son priorizadas.

Sin embargo, el cambio es posible y comienza con la intencionalidad. Cuando la educación física inclusiva se implementa desde etapas tempranas, los entrenadores están capacitados y los espacios son accesibles, seguros y respetuosos de los derechos de las niñas, la participación aumenta. Cuando la protección se toma en serio, las niñas permanecen. Y cuando las mujeres con discapacidad asumen roles de liderazgo, los sistemas comienzan a transformarse.

En BOLD, esto no se trata solo de abrir puertas o eliminar barreras, sino de rediseñar los sistemas y redistribuir el poder, para que las mujeres y niñas con discapacidad no solo estén incluidas, sino que participen plenamente, de manera segura y lideren en sus propios términos.

¿Cómo puede la participación en el deporte contribuir al empoderamiento, al liderazgo y a la inclusión social de las mujeres con discapacidad, especialmente en contextos donde persisten estigmas asociados al género y la discapacidad?

El deporte puede ser profundamente transformador, pero solo cuando es accesible, seguro y diseñado en función de las mujeres y niñas a quienes está dirigido. En su mejor expresión, el deporte crea espacios: para moverse, ser visibles, desarrollar confianza y conectar con otras personas; para formar parte de una comunidad, de un movimiento. Para muchas mujeres y niñas con discapacidad, especialmente en contextos donde el estigma es fuerte, estos espacios pueden ser transformadores. Pueden cambiar la forma en que se perciben a sí mismas y cómo son percibidas por sus comunidades.

Los ejemplos son claros. En Camerún, las niñas juegan al fútbol en condiciones precarias, pero con un fuerte apoyo entre pares. En India, programas inclusivos de netball han integrado a niñas con discapacidad como mentoras, contribuyendo a transformar la práctica desde dentro. En Europa, equipos de baloncesto de habilidades mixtas promueven la convivencia y desafían el estigma en la práctica cotidiana. Estos ejemplos muestran que el empoderamiento no proviene únicamente del deporte, sino de cómo este se diseña y de quiénes participan en su construcción.

Cuando las niñas con discapacidad son apoyadas respetando sus cuerpos, decisiones y derechos, el deporte fortalece la confianza, el liderazgo y el sentido de pertenencia. Puede abrir puertas a la educación, al empleo y al liderazgo comunitario, además de fortalecer la autonomía corporal.

Sin embargo, también es necesario reconocer que estas mismas mujeres y niñas enfrentan niveles más altos de estigma, exclusión y violencia. Si los espacios deportivos no son seguros, pueden perpetuar las desigualdades existentes. Por ello, el enfoque es determinante. La experiencia del movimiento del VIH ha demostrado la importancia del principio “nada sobre nosotras sin nosotras”. Cuando las mujeres con discapacidad son líderes, entrenadoras y tomadoras de decisiones, el empoderamiento se materializa.

En BOLD, el deporte no es el fin, sino un medio para construir comunidad, redistribuir poder y consolidar un movimiento liderado por mujeres y niñas con discapacidad.

¿Qué cambios institucionales o de política son necesarios para que los sistemas deportivos, las escuelas y los programas comunitarios sean verdaderamente inclusivos?

Si se busca una inclusión real, es necesario reconocer que el problema radica en los sistemas actuales. Con frecuencia, la inclusión se aborda como un complemento, no como un principio estructural. A pesar de múltiples compromisos globales, incluidos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la implementación y la inversión han sido insuficientes. Para muchas mujeres y niñas, poco ha cambiado.

Se requieren políticas que no solo existan, sino que también estén financiadas, implementadas y sujetas a rendición de cuentas. Los sistemas deportivos, educativos y de salud deben incorporar, desde el inicio, a las mujeres y niñas con discapacidad.

Las escuelas son clave. La exclusión de la educación física implica la exclusión del deporte a lo largo de la vida. Se requieren espacios accesibles, docentes capacitados y enfoques inclusivos.

A nivel comunitario, las barreras—transporte, costos, equipamiento y seguridad—son determinantes. Los programas deben diseñarse en función de las realidades concretas. También es necesario invertir en capital humano y, fundamentalmente, redistribuir el poder, garantizando la participación de las mujeres con discapacidad en la toma de decisiones. La protección es esencial. La seguridad, la autonomía corporal y el acceso a derechos en salud son condiciones básicas.

Asimismo, es necesario superar la fragmentación institucional. Las decisiones continúan tomándose de manera aislada entre sectores y niveles, incluidos organismos internacionales y entidades deportivas globales. La inclusión requiere coordinación, recursos y liderazgo interseccional. En este contexto, BOLD actúa como plataforma de articulación intersectorial y global. La inclusión no se limita al acceso; implica la transformación de las relaciones de poder. Sin ello, no hay cambio sistémico.

¿Existen experiencias o enfoques prometedores impulsados por BOLD que puedan destacarse?

BOLD es una organización joven, pero desde su inicio ha adoptado un enfoque estratégico basado en la experiencia acumulada en justicia social, salud global, igualdad de género y deporte para el desarrollo. Está respaldada por Health Innovation Exchange (HIEx) en Ginebra y Hillcrest AIDS Centre Trust (HACT) en Sudáfrica, lo que permite articular espacios globales con realidades locales.

El contexto actual es crítico. Los sistemas globales de desarrollo enfrentan recortes significativos, lo que afecta especialmente áreas como la salud, la educación, la igualdad de género y los derechos sexuales y reproductivos. Estos recortes impactan de manera desproporcionada a mujeres y niñas en situación de mayor vulnerabilidad, incluidas las con discapacidad, generando una crisis de equidad. En este contexto, BOLD promueve enfoques innovadores. A nivel de país, impulsa mecanismos de coordinación interministerial que integran sectores clave con participación comunitaria activa.

Además, trabaja para conectar decisiones globales con necesidades locales, asegurando que las políticas reflejen las experiencias locales. También busca reducir la fragmentación entre actores globales, promoviendo la alineación y la rendición de cuentas respecto de los compromisos existentes, incluidos los de la Agenda 2030.

Un aprendizaje clave es la centralidad del enfoque interseccional. Las experiencias de las mujeres y niñas con discapacidad están determinadas por múltiples factores que deben considerarse en la asignación de recursos y en la toma de decisiones.

El fortalecimiento del liderazgo es otro eje central. Cuando las mujeres con discapacidad lideran, los sistemas cambian. Asimismo, la seguridad y la protección son condiciones indispensables para la participación.

BOLD no solo implementa programas, sino que promueve una nueva forma de trabajar: articulada, coordinada y orientada a la redistribución del poder. Porque la inclusión no es solo participación; es transformación sistémica liderada por quienes han sido históricamente excluidas.

Cómo citar: Govender, K. (2026). Women, girls with disabilities and sport: Participation, empowerment and systems change [Entrevista]. Boletín Integrativa Online DVCN.

Información de contacto

BOLD Global Alliance for Women, Girls & Sport

Sitio web: https://boldglobalalliance.org/

Correo electrónico: info@boldglobalalliance.org

Oficina principal: c/o Hillcrest AIDS Centre Trust (HACT). 26 Old Main Road. Hillcrest, KwaZulu-Natal 3650. República de Sudáfrica

Oficina de enlace en Ginebra: c/o Health Innovation Exchange (HIEx). Campus Biotech Innovation Park. Avenue de Sécheron 15. 1202 Ginebra, Suiza

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